Anuário da Indústria de Implementos Rodoviários 2021

73 E l valor estimado para el mercado brasileño de logística es de 70 billones de dólares, casi lo equivalente al PIB de nuestro vecino Uruguay. Esta cifra, por si sola, demuestra la importancia que tiene este sector en la economía de nuestro país. Se estima que operen en el sector vial nada menos que 200 mil em- presas, la mayoría de ellas entre pequeñas y medianas. Generar empleos en el sector es tan importante cuanto su participación en la economía. El sector también sirve como importante termómetro para la economía. Su comportamiento depende del número de transaccio- nes realizadas. Si ventas al por menor venden más, la industria tie- ne que producir más, y así el transporte de insumos y mercaderías también crece. Si la agroindustria prospera, sus frutos necesitan circular para atender a los mercados interno y externo. Esta regla también se aplica al revés. La retracción de la economía que quizá pueda llegar a los demás sectores causará impactos en el sector vial. Menor desplazamiento de bienes significa menor cantidad de viajes o menor rentabilidad. Si bien en este escenario combustible y man- tenimiento pueden variar hacia abajo, otros costos como los tributarios y de mano de obra se mantienen, lo que afecta la liquidez del negocio. A estas particularidades del sector de transporte vial se les suma la variable que dominó al país y al mundo en 2020: la pande- mia del Covid-19. Las medidas necesarias adoptadas en diversos niveles para impedir o retardar su diseminación afectaron a la eco- nomía de manera aguda e inmediata. En Brasil, en un primer momento, toda y cualquier actividad considerada no esencial fue paralizada. No solamente el desplaza- miento de cargas. Los hábitos de la población también cambiaron. Poco a poco, con las restricciones de desplazamiento, el comercio electrónico pasó a formar parte de los hábitos de los brasileños. A partir del segundo semestre, la disminución en el número de infecciones poco a poco se tradujo en restricciones menores, y así, algunos sectores se recuperaron antes de lo esperado, y el transporte de cargas fue poco a poco volviendo a la normalidad. El gobierno también actuó en la reducción de los intereses bancarios, creando estímulos para la renovación de las flotas, lo que con breve optimismo hizo reactivar el comercio de vehículos pesados. Con todo, la producción no siguió el ritmo de la demanda, aún impactada por los meses de paralización de la industria y por los nuevos protocolos sanitarios, lo que generó filas en la adquisi- ción de camiones nuevos y una busca mayor por usados. En ambos escenarios, y obedeciendo a la más básica ley de la economía, el aumento de demanda significó aumento de precios. A todo ello se sumó también cambios relevantes en la tabla de fletes. Con el inicio de 2021 marcado por una muy elevada cifra de muertes en el país y las dificultades de la salud pública en empezar la vacunación, las restricciones de desplazamiento de personas y funcionamiento de empresas se volvieron a aplicar y, con razón, vuelven a preocupar a los empresarios. El precio del combustible disparó y hubo paralización en las industrias por falta de componentes. Un nuevo aumento en las restricciones podría seguramente disminuir el volumen de carga transportada y afectar los ingresos del sector. En este contexto, dificultades financieras y operacionales so- bresaltan. El cumplimiento de planes de cuotas contratados para adquirir o renovar flotas se muestra más difícil – en contratos que estipulan la pérdida del bien por retraso – y los costos operativos aumentan aún más con la inflación, mientras que las inversiones para el desplazamiento de cargas tienden a disminuir. Felizmente y diferentemente de lo que ocurre en una crisis sec- torial, en crisis globales el ambiente para renegociar se muestra favorable. En la busca por liquidez, el raciocinio natural a la hora de negociar cuando hay incumplimiento de pagos – minimizar pér- didas – se invierte, a fin de maximizar las ganancias, lo que trae más flexibilidad. Lo mismo sucede con relación a la concesión o revisión de plazos. Instituciones financieras y grandes proveedores saben que para los pequeños y medianos empresarios la imprevisibilidad y la inactividad son mucho más nocivas, y por ello hacen concesiones. Especialmente para el sector vial, el propio FINAME ya ha sido objeto de diversos programas de renegociación con apoyo del BN- DES y otros bancos operadores. No sería razonable invertir esta tendencia en un escenario de complicaciones de la pandemia. Delante de esto, concretar acuerdos es fructífero en momentos actuales si lo comparamos con actitudes como la falta de flexibi- lidad en las negociaciones o tratar el problema de forma judicial. En este escenario, es fundamental que las partes estén ase- soradas por profesionales con experiencia en crisis empresariales. Generalmente la negociación involucra temas complejos que se destacan del ámbito comercial, por lo que el trabajo de estos profe- sionales no solo es fructífero sino imprescindible. Discusiones acerca de la adquisición y retomada de vehículos por instituciones financieras también se ven afectadas. Tesis como la esencialidad del bien y el cumplimiento substancial tienden a recupe- rar fuerza en la jurisprudencia. Y un aumento de los incumplimientos puede hacer que la búsqueda y la incautación de bienes carezcan de interés. Todos estos factores pueden ser considerados tanto en escenarios empresariales como judiciales que involucren el tema. Estas consideraciones sobre la negociación empresarial son aplicables tanto a asuntos individuales, entre una empresa y un partner financiero o comercial, como a situaciones colectivas, en ocasiones involucrando a todos los socios de la empresa, para no agravar la crisis. En los casos en que la empresa no pueda cumplir con varios de sus contratos en sus términos originales, las herra- mientas previstas en la Ley 11.101 / 2.005 son pertinentes para ayudar al emprendedor a mantenerse en el mercado. La recuperación judicial - bien como la extrajudicial, cuyo uso se ha ido intensificando de forma saludable tras las recientes refor- mas de la ley - a pesar del carácter procesal que conlleva, implica múltiples negociaciones que tienen el objetivo de aprobar un plan de recuperación capaz de atender no solo a los intereses de los acree- dores, sino también permitir que la empresa continúe en el mercado. De esa manera, se vislumbra que los empresarios del trans- porte tengan a su disposición medios judiciales y de negociación para enfrentar la inestabilidad derivada del momento pandémico, y puedan ejercer con mayor equilibrio su importante rol como sector integrante de la economía brasileña. Momento de flexibilidad empresarial Por Paulo Calheiros Abogado especializado en Derecho Concursal y Recuperación y Reestructuración Corporativa. CEO y socio mayoritario de Mandel Advocacia. En tiempos de inestabilidad, empresas, acreedores, proveedores y clientes encuentran también un ambiente que pueda facilitarles soluciones amigables, incluso, si necesario, en el ámbito judicial.

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